Mutante del mes: Kiltro Polaris

Biología de Buró – En un instante como cualquiera

Texto por Andrés Cota Hiriart @cotahiriart

jueves 23 de abril, 2015 a las 01:48 am  
jueves 23 de abril, 2015 a las 01:48 am  

Un hombre se coloca una pistola calibre .44 en la boca y jala del gatillo, dos nuevos amantes se despiertan sin tener la menor idea de quién es la persona que tienen a su lado, un bebé llora porque el primer diente acaba de romper su temprana encía. En el desierto de Sonora, a un campista lo muerde un córtalo; en el centro de Bankok, incrementa la tensión religiosa; en el norte de Irlanda, la nueva promesa del boxeo termina de dominar su gancho al hígado. Un desastre de ser humano se incorpora tras dos días de excesos y se pregunta dónde carajos estará su cartera, un adicto vuelve a recaer, una mujer se carcajea. Se apaga el bóiler, se poncha la llanta, crece la ambigüedad. La regla de la edad no desmiente lo que el físico de una nueva adolescente ya comenzaba a sugerir. Alguien muerde una manzana perdiendo su propio paraíso. Una mano gira un perno y abre la puerta para encontrarse con una nueva desilusión, el oído de cierto sujeto detecta unos susurros suplicantes del otro lado del muro, centenares de ojos inyectados y gélidos permanecen siendo testigos mudos de la depravación. Sigue oliendo a tierra, nuevamente sube humo desde el tercer piso del edificio. Cientos de migrantes flotan a la deriva sobre pedazos de madera podrida, otros cientos se encuentran perdidos sobre la arena calcinándose bajo el sol y aquéllos que sí consiguieron alcanzar la meta se percatan de que aquí la vida tampoco es mejor. Un matemático logra concretar el teorema al que ha dedicado toda su vida y en el momento justo sufre un paro cardiaco, un cazador falla el tiro y es devorado por el león que pretendía colgar sobre su pared, una cocinera termina de hartarse y vierte un frasco de cianuro dentro del pozole. Cuarenta alumnos abren su cuaderno para otro día de clases inservibles, veinte futbolistas caen junto con el camión de su equipo a un barranco, diez amigos se emborrachan hasta quedar como enemigos. No hay para la renta, se quemaron las tortillas, subió el huevo. Dos personajes harapientos y desdibujados por la suciedad acomodan bajo su cuerpo los cartones que fungen como su única morada, decenas de telescopios buscan ansiosos nuevos planetas a los cuales llamar hogar. Una gota de agua resbala por la superficie lustrosa de la última orquídea del bosque desmontado, una ambulancia chilla desesperadamente atascada sin remedio en el bloque de lámina del tráfico matutino, el avión que surca el cielo parece tener problemas. Un cigarro se enciende, una colilla se apaga, un rostro furtivo voltea y fríamente contempla, unos pasos se apuran. El libro se abre, el hielo se derrite, la película se termina. Al fondo del corredor, alguien activa la alarma de incendio; en la esquina de la avenida, se pierde la ingenuidad. Caos controlado, equilibrio dinámico, millones de individuos inmersos en el desastre de su cotidianidad. Billones de personas que ignoran a los otros billones que les rodean. En cada cabeza un mundo, en cada existencia una serie de eventos únicos e irrepetibles. Felicidad, confusión y tristeza. Muchos clínicamente deprimidos, otros tantos no lo externan. Todos bipolares a su manera. Y en el siguiente instante ya nada será exactamente como había sido.

Andrés Cota Hiriart es un biólogo desertor que, tras un breve y no muy satisfactorio paso por el cine, aterrizó en las letras. Actualmente colabora activamente en múltiples medios y es editor del Ideógrafo. Su abuela era esquizofrénica, su tío albino y su abuelo agnóstico. Aquí tienen su Vimeo. Síganlo por Instagram en @lafiera. O visiten su página en internet.