Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don´t hate on the love – Q de Quincy

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García @diosaloca

Ilustración original del Sr. García @elsrgarcia

lunes 7 de abril, 2014 a las 05:29 am  
lunes 7 de abril, 2014 a las 05:29 am  

Q de Quincy

“ Cuando tocaba música,

mis pesadillas terminaban.

 Mis problemas familiares desaparecían.

No tenía que buscar respuestas”.

Quincy Jones

I.

El pasado 14 de marzo, Quincy Jones compartió lo siguiente a través de su cuenta de twitter: “Gracias por sus maravillosos deseos de cumpleaños. ¡No puedo creer que tenga 81!”.  De esta manera el artista, compositor, trompetista, empresario, director de compañía disquera y productor de discos, películas y televisión celebró más de seis décadas involucrado en la música a través de todas sus diferentes facetas en las que ha podido verter sus múltiples capacidades.

Con frecuencia, cuando vemos a alguien de larga trayectoria derrochar talento y cosechar éxitos, nuestra mentalidad reduccionista permeada por el individualismo nos lleva a creer que estos individuos nacieron como titanes destinados a triunfar y a un porvenir que forjaron únicamente con sus propias manos; sin embargo, sin demeritar las cualidades ni el esfuerzo y la perseverancia de estos seres, si miramos con más atención descubriremos que son muchos los eventos, encuentros y personas que intervinieron en sus vidas ayudándolos a pulir sus habilidades, tener acceso a los recursos necesarios para su desarrollo y encontrar su camino. De tal manera que se vuelven sus maestros; aquellos que les ayudan a transformarse y los inspiran a expresar su individualidad al servicio de todos.  A continuación repasaremos brevemente el caso de una de las primeras  personas que tocó la vida de Quincy Delight Jones, quien a su vez tocó la existencia de muchos más ayudándolos de la misma manera en que él fue ayudado, logrando continuar una tradición de enseñanza y generosidad.

II.

En el año de 1947, Clark Terry ya era un trompetista profesional y llegó a la ciudad de Chicago tocando con un pequeño ensamble que Count Basie había formado para pagar sus deudas adquiridas en las carreras de caballos. Una noche antes del concierto, Terry vio a un chico atrás del escenario, quien se le acercó y le dijo: “Señor Terry, mi nombre es Quincy Jones y estoy aprendiendo cómo tocar la trompeta y a escribir música. Me gustaría tomar algunas clases con usted”[1].

Clark Terry miró a este flaco adolescente y sintió afecto por él inmediatamente, así que le contestó “Tú estás en la escuela cuando yo estoy durmiendo y tú estás durmiendo cuando yo estoy trabajando, ¿cómo vamos a resolver eso?” a lo que Quincy respondió: “Bueno, podría levantarme temprano y venir por un par de horas antes de ir a la escuela”.

Esta propuesta significaba que el Clark Terry tendría que recortar seriamente sus horas de sueño para darle clases, lo cual era algo que pudo haberlo llevado a rechazar la idea, sin embargo este chico tenía algo y en palabras del trompetista “De eso es de lo que se trata la música, de dar algo de vuelta, tradición, vida, amor, – de conscientemente mantenerte involucrado en la perpetuación de nuestro oficio. Así que le dije ‘Ven antes de la escuela’”.

La rutina que establecieron los dos durante los siguientes días es descrita por el propio Clark Terry en un texto incluido en la autobiografía de Quincy Jones (publicada en 2001), en la que explica “Yo me iba a la cama a las dos o tres de la mañana y él llegaba a las cinco o seis en punto. Trabajábamos durante un par de horas y después él se iba a la escuela”. Además Terry recibió uno de los primeros arreglos instrumentales de Quincy y lo probó con el ensamble de Count Basie, de lo cual dijo “Lo tocamos y, para ser honesto, estaba un poco gastado. No recuerdo exactamente qué era pero no era genial. Mas yo sabía muy bien que él iba a ser un éxito. Este chico sólo tenía unos trece años”. Así que cuando volvieron a encontrarse lo alentó diciéndole al joven Jones que “algún día sería un gran talento”.

Con respecto a este último episodio, Clark Terry, posteriormente, hizo la siguiente reflexión: “Sabes, no puedo sino pensar qué hubiera pasado si le hubiera dicho ‘Chico,  pon esa cosa en un estante y olvídalo, sé un plomero o haz alguna otra cosa’. ¿Qué  hubiera pasado? No quiero ni pensar en ello, ¿sabes qué?  Doce años después, Quentin Jackson, uno de los trombonistas estelares de Duke Ellington y yo dejamos la banda de Duke sólo para tocar en la banda de Q; así de tremendo era este escuálido chiquillo y sólo tenía 25 años entonces.  Él es un príncipe, un príncipe de la música negra y, si me lo preguntas, ahora lo amo tanto como lo amaba  cuando este escuincle me sacaba de la cama a las seis de la mañana”.

Paréntesis:

(Envueltos por la vorágine materialista de nuestro tiempo podemos olvidar con facilidad el arte de compartir y  ser ajenos a la noción de que dar lo que sabemos y lo que somos puede valer más que una fortuna en la vida de quienes nos rodean.  Nuestra experiencia, personalidad y ejemplo pueden ser la lluvia que ayude a otros a florecer. Ésta es una forma práctica de ver cómo estamos conectados y cómo cada pequeño o gran gesto que tenemos tiene consecuencias en nuestra vida y la de otros.

Don’t hate on the love

Demos algo de vuelta.)



[1] “Q, The Autobiography of Quincy jones”, pg. 37, Harlem Moon 2002.

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario(El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú). Junto con Iraida (Noriega) y Leika (Mochán) formó “Frágil”.