Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don’t hate on the love – C de Capitán “Don’t Try”

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García @diosaloca

Ilustración original del Sr. García @elsrgarcia

lunes 11 de febrero, 2013 a las 03:12 pm  
lunes 11 de febrero, 2013 a las 03:12 pm  

 

La mayoría de las muertes  de las personas son una farsa,

no queda nada para morir.

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco.

Charles Bukowski

 

 

En la lápida del Bukowski se pueden leer dos palabras: “Don’t try”, o sea “no lo intentes”.  La intención de estas palabras queda mucho más clara si revisamos un poema suyo  de la colección “El amor es un perro del infierno”:

 

 

Ah

drinking  German beer

and trying to come up with

the immortal poem at

5 p.m. in the afternoon.

but, ah, I’ve told the

students that the thing

to do is not to try…

“Ah

bebo cerveza alemana

y trato de que se me ocurra

el poema inmortal

a las 5 p.m. de la tarde.

pero ah, le he dicho a

los estudiantes que la cosa

es no tratar…”

 

Esa es la cosa con Charles Bukowski, no intentaba, sólo lo  hacía; escribía  y vivía sin medias tintas, como si estuviera peleando. Al leerlo no podemos eludir su imagen tirando puñetazos con franca precisión y fuerza. Bukowski siempre andaba metido en líos, así que el hecho de que viviera para ser viejo lo tomó por sorpresa al igual que a sus lectores. Una vez más no estaba intentándolo, sólo lo hizo; de hecho vivió setenta y tres años y para nuestro deleite y curiosidad lo hizo contándolos.

Cinco décadas de escritura continua habían dado resultados

Su libro El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco se compone de  crónicas y diarios  cuyas fechas van de 1991, a 1993; considerando que el escritor murió en 1994 esto resulta ser  un interesante vistazo a lo que pensaba el autor de la vida y la muerte hacia el final de sus días, años que, por cierto, fueron sumamente prolíficos. Él mismo consideraba haber escrito más y mejor de 1990 a 1992 que en cualquier otro momento de su vida. Cinco décadas de escritura continua habían dado resultados, Bukowski estaba esculpido en piedra y probado contra la tormenta. Finalmente era el Capitán de su barco; y  ese era justamente el aspecto que tenía sus fotografías tardías,  el de un capitán curtido por mares, mujeres y bares y que además (como el diablo) amaba ser viejo:

“Estar cerca de la muerte me llena de energía. Tengo todas las ventajas. Puedo ver y sentir cosas que permanecen ocultas para los jóvenes. He ido del poder de la juventud, al poder de la vejez”, escribió  un par de años antes de su muerte.

Esto puede resultar sorprendente para muchos, envejecer es de las cosas más temidas. Esta etapa de la vida  está rodeada de imágenes de dolor, enfermedad, decadencia y una existencia en la que básicamente no pasa nada interesante. En el imaginario popular la vejez no alberga grandes pasiones, epifanías, ni descubrimientos. En resumidas cuentas, es una etapa en la que no estás muerto pero no te ves realmente “teniendo una vida”.

El meollo del asunto parece ser que para envejecer con gracia y vitalidad  es crucial vivir con plenitud y entrega. Para Bukowski, escribir era su manera de protegerse de una  muerte en vida: “Sé que moriré pronto y me parece muy extraño. Soy egoísta, sólo quisiera mantener mi jodido trasero escribiendo más palabras.  Eso me hace resplandecer, me lanza por vientos dorados. Pero en serio ¿cuánto tiempo más puedo seguir? No es correcto seguir. ¡Diablos! de todas formas la muerte es la gasolina del tanque. La necesitamos.”

En conclusión, parece que la vejez y la muerte tampoco son excusas para tirarle odio al amor; de hecho,  la evidencia apunta a que todo lo contrario sería mucho más recomendable.

 

(Paréntesis)

(

Todos los fuegos se apagan, es una regla. Quizá lo más triste de los fuegos de artificio es eso, que terminan; lo cual, irónicamente, también es lo más valioso. Pues de otra forma no los veríamos; asumiríamos su presencia en el mundo como parte del telón de fondo. Al parecer la conciencia de la finitud de las cosas es justo lo que nos inspira a mirarlas y es en ese impulso de mirar que también nos descubrimos. Es así como nos sentimos incendiados; con frecuencia, la conciencia del fin nos impulsa a entregarnos y arriesgarnos sorprendiéndonos a nosotros mismos. Toda vida contiene momentos de riesgo y apuesta… es cierto, a veces perdemos, o sentimos que perdemos. La derrota, al fin y al cabo, como todo lo medible es algo subjetivo. Lo crucial aquí no es ganar nada, a la tumba nos vamos con las manos vacías como Alejandro Magno; lo crucial es estar presente desde la primera chispa hasta que se apaga la flama.

)

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario(El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú). Junto con Iraida (Noriega) y Leika (Mochán) formó “Frágil”.