Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don’t hate on the love – E de Epístola

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García @diosaloca

Ilustración original del Sr. García @elsrgarcia

miércoles 10 de abril, 2013 a las 06:00 am  
miércoles 10 de abril, 2013 a las 06:00 am  

“Escribir cartas significa desnudarse ante los fantasmas, que lo esperan ávidamente. Los besos por escrito no llegan a su destino,  se los beben por el camino los fantasmas.”

Kafka a Milena

1. Por amor al epistolario

Quien me conoce  lo sabe:

 amo las cartas

                                        calientes

                                                calmas

como sea(n)

a-do-ro

las cartas.

Con frecuencia percibimos a las personas unidimensionalmente, casi, caricaturescamente. Esto sucede aún con más frecuencia con los muertos, pues su ausencia física nos permite olvidar fácilmente su multidimensionalidad, por lo que con frecuencia en el imaginario popular terminan reducidos únicamente a personajes. Las cartas son una revelación del alma, los hábitos, la cotidianidad, preocupaciones y visiones de quien escribe. Nos hablan de la persona en sus múltiples roles, sus inquietudes espirituales, sus finanzas y la imagen que tenían de su tiempo, aquellos que les rodeaban y  de sí mismos.  Cuando leemos su correspondencia podemos percibir todos estos aspectos entrelíneas adquiriendo la capacidad de contraponerlos y complementarlos con las imágenes, proyecciones o expectativas que teníamos de esos “personajes” en un inicio.

Es entonces que sentimos a estas personas más entrañables y cercanas y podemos amarlas verdaderamente…

Las cartas son puertas al espacio privado del otro, nos dan acceso a una intimidad que nos permite descubrirlos a fondo. Es entonces que sentimos a estas personas más entrañables y cercanas y podemos amarlas verdaderamente pues conocemos tanto sus cualidades como sus faltas. Últimamente me descubro rodeada de largas y maravillosas misivas, las de Kafka a Milena, Ginsberg a Kerouac, Joyce a Nora, Hemingway a ene personas, las de Sartre y Beauvoir, etcétera.

Me confieso una voyeurista (pero empática) devoradora de cartas que es a su vez devorada por un hambre insaciable de ellas.  Hay  cierta carta que ha sido mi deleite durante el final del invierno. Se trata de la epístola que le escribió Oscar Wilde a “Bosie”, desde la cárcel de Reading a la que ingresó en 1895.

2. De Profundis

El año de 1895 fue de grandes contrastes para Oscar Wilde. En enero estrenó en el teatro “Un marido ideal”, seguida de “La importancia de llamarse Ernesto” en febrero y era admirado por la sociedad inglesa que lo consideraba la epítome del dandismo. En ese momento Wilde era visto como un intelectual, un esteta con posición social a quien el despliegue de su talento no hacía más que colocarlo en un lugar más encumbrado.

Todo parecía ir bien hasta que en mayo del mismo año,  tras un segundo juicio contra el marqués de Queensberry, fue declarado culpable de “indecencia grave” y condenado a dos años de trabajos forzados en prisión. Lo cual fue un golpe fatal para la imagen pública de Wilde. El mismo hombre que alguna vez desembarcó en Nueva York declarando no llevar nada más que su talento consigo y que conoció la adoración de la multitud, el triunfo, el éxito, la liquidez y el constante flujo de alabanzas para con él y su trabajo; también conoció la difamación, el señalamiento, la burla, el juicio, la bancarrota y el rechazo de la buena sociedad cuando fue ingresado a prisión.

Fue desde la cárcel que le escribió a “Bosie”, conocido comúnmente como Lord Alfred Douglas, un joven estudiante de Oxford quien contaba con veintiún años cuando Wilde lo conoció en 1982 sin sospechar que ese joven de buena cuna (era hijo del mentado marqués de Queensburry) y aparentemente distinguida educación iba a ser la causa de su ruina.

…describiendo a detalle sus debilidades, defectos y características generales…

Es sobre el recuento de esa relación que versa “De profundis”, el cual es el nombre de esta larguísima epístola en la que Oscar Wilde hace una revisión de su carácter y el de “Bosie”, describiendo a detalle sus debilidades, defectos y características generales ilustrándolos con eventos de su desafortunada relación. Por ejemplo en la carta Wilde narra cómo su esposa, sus amigos y la misma madre de Douglas le aconsejaban alejarse del joven y al ver lo perniciosa que era su relación para el dramaturgo y su proceso creativo.

Además habla a detalle de Lord Alfred Douglas a quien describe como violento, grosero, desconsiderado y superficial; pero también admite sus faltas :“No encuentro disculpa para mi debilidad. Porque sólo esto fue. Media hora en intimidad con el arte, significaba siempre para mí más que un siglo contigo.” En la carta también cuenta el derroche de dinero que convivir con Douglas implicaba. “Desde el otoño de 1982 hasta mi entrada en la cárcel, he gastado contigo y para ti, más de cinco mil libras en dinero en efectivo, aparte de las deudas contraídas…”

…con la dolorosa precisión y sinceridad de un hombre que se siente renacido por el dolor de perder todo lo que amaba.

Wilde no se ahorra nada y página a página vierte sus emociones con la dolorosa precisión y sinceridad de un hombre que se siente renacido por el dolor de perder todo lo que amaba. “Ahora debes de reconocer que tu incapacidad para estar solo, tu carácter exigente en su constante empeño de buscar la atención y el tiempo ajenos, tu incapacidad para una concentración espiritual sostenida… todo esto, combinado a tus deseos e intereses, los cuales se inclinaban más a la vida que al arte, fue tan perjudicial para tu progreso intelectual  como lo fue para mi obra como artista.”

Sin embargo, de la misma manera en que desembarcó una vez en Nueva York con nada más que su talento Wilde entró con él a la cárcel. Es decir, entró con todo lo que era como persona, un esteta, con una vida interior exuberante, un amante de las profundidades con un intelecto acostumbrado a desentrañar, abordar y probarse frente a problemas complejos. La suma de esas cosas fue su salvación; así como la presencia de algunos amigos fieles, como su colega “Robbie” (Robert Ross), a quien entregó el manuscrito de esta carta y quien finalmente la tituló: “De Profundis”.

En esta larga, larga epístola el escritor da testimonio del hondo proceso que le permitió darle sentido a su sufrimiento, al punto de poder firmarla diciendo:

Quizá he sido elegido para enseñarte algo más maravilloso: el significado y la belleza del dolor.

Tu amigo que te quiere,

Oscar Wilde”.

Paréntesis:

(

Hay cartas que duelen, pero el hecho de que alguien se tome el tiempo de escribirte contiene una verdad simple: le importas. Es ese interés en el otro el que a veces nos lleva a decir cosas que duele escuchar; pero que de ser justas podrían ser la revelación que estábamos esperando.  Existe un fragmento particular de la ya mencionada “De Profundis” que me pareció totalmente ad hoc  con el espíritu de este espacio:

“Pero tú como yo, habías tenido en tu vida una horrible tragedia, aunque de índole completamente diferente a la mía. ¿Quieres saber cuál ha sido? Pues esta: que en ti el odio pudo siempre más que el amor.”

Así que don’t hate on the love banda.

No le tiren odio al amor.

Tatúenselo

(o qué se yo)

pero no lo olviden.

)

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario(El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú). Junto con Iraida (Noriega) y Leika (Mochán) formó “Frágil”.