Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don´t hate on the love – N de nada

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García.

Ilustración original del Sr. García: Sólo soy otro García más.

miércoles 8 de enero, 2014 a las 02:19 pm  
miércoles 8 de enero, 2014 a las 02:19 pm  

“No soy nada.

Nunca seré nada.

No puedo querer ser nada.

A parte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo”.

Fernando Pessoa

 

I.

Generalmente nuestras percepciones sobre la bondad o maldad de las personas varían de acuerdo a cómo nos sentimos con respecto a ellas. Lo mismo nos pasa con los objetos, sucesos o pensamientos; los consideramos buenos o malos dependiendo de cuánto nos complazcan y rara vez notamos la estrecha relación que hay entre nuestras simpatías y aversiones y, nuestros condicionamientos: todas aquellas “respuestas”  y juicios a priori que llenan nuestras mentes, todas aquellas convenciones sociales que dicen cómo debemos comportarnos en cada situación e incluso cómo debemos sentirnos. Estamos condicionados tanto para el placer como para el sufrimiento y lo más trágico es que ni siquiera nos damos cuenta. Coleccionamos todo tipo de cosas materiales e inmateriales y con frecuencia nos sentimos frustrados ya que no podemos alcanzar el nuevo objeto de nuestros deseos. Nunca es suficiente. Al inicio de cada año nuestros condicionamientos sociales nos llevan a hacer listas de propósitos: queremos lograr, adquirir, ganar… e ignorantemente pensamos que una vez que hayamos logrado estas cosas todo estará resuelto y ya no tendremos de qué preocuparnos pese a que nuestra experiencia nos dice que si en efecto obtenemos lo deseado, la satisfacción será pasajera y pronto nos sentiremos aguijoneados por un nuevo deseo, un nuevo horizonte inalcanzable, una nueva zanahoria atada a nuestras espaldas que se aleja de nosotros cada que nos movemos. En lugar de optar por detenernos, silenciar nuestras mentes y dominar nuestros deseos simplemente continuamos por inercia. Sin embargo, cuando uno en realidad logra detenerse, desprenderse , parar el tren de los deseos y mantenerse en el instante (aunque sea por un momento) con frecuencia llega un descubrimiento sorprendente: la nada es muy atractiva.

 

II.

Hemos llegado a aceptar el materialismo dogmáticamente

pese a su incapacidad para responder ante las más comunes

 experiencias de nuestra vida cotidiana”.

Amit Goswami

 

Antes de la posmodernidad existió la modernidad y este periodo se distinguió por dos eventos íntimamente relacionados: “la decreciente autoridad de la Iglesia y la creciente autoridad de la ciencia[1].  Esto desencadenó una serie de eventos y desarrollos ideológicos que permean hasta nuestros tiempos. Una de las dificultades derivadas de estos eventos es que mientras el conocimiento científico de la humanidad se amplió y profundizó exponencialmente durante los últimos doscientos años, sus mentes y corazones quedaron a la deriva cuando las instituciones que se “encargaban” de dar directrices espirituales, éticas o existenciales perdieron su poder de influencia. Fue como hacer de nuestra visión existencial una mesa de una sola pata, de tal manera que cada que el enfoque materialista fallaba para satisfacer alguna inquietud o necesidad, la mesa quedaba coja e inevitablemente se derrumbaba junto con todo lo que hubiéramos colocado sobre ella. Es decir, nos quedamos con un sistema sumamente inestable y sin herramientas para enfrentar esa fragilidad  y el desasosiego que la acompaña. Ya que sin importar que tan inflado esté nuestro ego tarde o temprano debemos enfrentarnos con la incertidumbre, la pérdida, el duelo, la muerte y sin algo en qué apoyarnos hacer esto se vuelve una tarea ciertamente aterrorizante.

 

” Entre más nos adentramos en la materia más evidente resulta que aquello que percibimos como concreto es prácticamente espacio vacío y que el observador importa.”

Afortunadamente hay conocimientos que pueden ayudarnos en este difícil trance. Por un lado la ciencia y su creciente exploración del mundo subatómico ha descubierto que la materia no es tan concreta como alguna vez se creyó, sino que los átomos que la forman son prácticamente insustanciales. Esta unidad que se creía inseparable, se logró subdividir en partículas con un gran espacio entre ellas y una campo de probabilidades que sólo son definidas por un observador. Entre más nos adentramos en la materia más evidente resulta que aquello que percibimos como concreto es prácticamente espacio vacío y que el observador importa. El mundo cuántico y su peculiar comportamiento ha desconcertado a algunas de las más brillantes mentes durante décadas y algunos estudiosos han sentido la necesidad de ir más allá de la visión que el reduccionismo materialista ofrece, llegando incluso a aventurarse en la exploración de los conceptos que diversas tradiciones místicas han desarrollado desde hace más de dos mil años y han logrado construir puentes entre la ciencia y la espiritualidad que no se edificaron antes debido al cisma histórico entre ambas, el cual indicaba que la ciencia debía ocuparse del mundo material y la religión se ocuparía de lo inmaterial.

 

Históricamente, diferentes doctrinas orientales han explorado los conceptos de vacío y vacuidad en su intento por desentrañar la naturaleza de la mente y de la realidad. Afortunadamente este conocimiento ha sido pasado a través de generaciones y sobrevivido hasta nuestros días, pasando incluso por adaptaciones en su tránsito por occidente y poniendo a nuestra disposición  una visión distinta sobre el mundo material y la naturaleza de las cosas. En el budismo por ejemplo, existe el concepto de vacuidad de donde surge y desaparece toda forma de materia o experiencia, siendo este el mayor conocimiento que podemos lograr; pero que interesantemente requiere que nos desprendamos tanto de nuestras aversiones como nuestros apegos. Vaya, no se trata de hacerse de algo nuevo sino de liberarse de todo, quedar vacío y en ese vacío, en ese silencio, en esa quietud una verdad inefable se manifiesta.

 

“No se trata de inclinarse por el mundo inmaterial de tal forma que seamos descuidados o negligentes con el mundo material, sino de crear un equilibrio, una tercera vía que nos permita ser un puente consciente entre ambos mundos.”

Nuestra tendencia a ir por el mundo automática y neuróticamente han impedido que nuestro glorificado intelecto vea lo evidente: la forma de no preocuparse por nada, no es obteniendo más cosas de las cuáles cuidar, sino deshaciéndose de ellas sabiamente. No se trata de inclinarse por el mundo inmaterial de tal forma que seamos descuidados o negligentes con el mundo material, sino de crear un equilibrio, una tercera vía que nos permita ser un puente consciente entre ambos mundos. Se trata de relacionarnos sanamente con las cosas y con nosotros mismos, aunque claro por simple que suene esto resulta terriblemente difícil para nuestros condicionamientos. Sin embargo lo primero es sencillo;  no se trata de hacer, ni de adquirir, ni de elucubrar, se trata de parar; de parar la avaricia, la mente, la actividad frenética, compulsiva e inconsciente que permea en nuestras vidas y abrir espacio, porque es en ese vacío, en esa nada, que las posibilidades se muestran en todo su esplendor.

 

 

Paréntesis:

 

 (Cada palabra es como una innecesaria mancha

en el silencio y la nada”.

Samuel Beckett )

 

 

[1] Rusell, Bertrand. The History of Western Civilization, 1945.

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario (El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú).