Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don’t hate on the love – X de Xoloescuincle

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García @diosaloca

Ilustración original del Sr. García @elsrgarcia

lunes 17 de noviembre, 2014 a las 03:15 pm  
lunes 17 de noviembre, 2014 a las 03:15 pm  

“Nuestras ideas sobre la muerte definen
cómo vivimos nuestras vidas”.
Dag Hammarskjöld

I.

Una de las preguntas frecuentes que enfrentamos con respecto a la muerte es ¿qué es lo que pasa una vez que morimos? Ya lo dijo Isaac Asimov una vez “La vida es placentera. La muerte pacífica. Lo problemático es la transición”. Otro fenómeno frecuente es desear no morir solos pues el misterio de lo desconocido puede hacernos sentir vulnerables y atemorizados. Quizá por esta razón las culturas antiguas tenían lo que hoy conocemos como psicopompos; es decir, seres que se encargaban de conducir y acompañar a las almas por el inframundo o incluso para ayudarlas a renacer después de la muerte. Las culturas prehispánicas de México no fueron la excepción y a la fecha contamos con un animalito muy especial…

II.

El xoloescuincle es un perro (casi) pelón endémico del territorio mexicano que en los tiempos prehispánicos adquirió un carácter mitológico y sagrado ya que según cuenta la leyenda fue un regalo que el dios Xolotl- hermano gemelo de Quetzalcóatl- hizo a los hombres.

En vida este perrito hacía gala de las características que lo hacían excelente compañero: fidelidad, inteligencia, sociabilidad y también de su valor como guardián; pero tras la muerte de su amo empezaba la segunda parte de su misión que consistía en acompañarlo en su tránsito por el inframundo hacia el Mictlán o lugar de descanso y ayudarlo a superar las pruebas que se le presentaran. Por esta razón era sacrificado y enterrado junto con su dueño con quien posteriormente se reuniría en un lugar llamado Izcuintlán que significa “lugar de los perros”. Ahí, tras reconocerlo y si el amo había sido bueno con él durante su vida le ayudaría a cruzar un ancho río de nombre Apanohuáyan llevándolo en su lomo.

Sin embargo, esta era sólo la primera de ocho pruebas que tendría que superar el alma del difunto antes de lograr reposo. Sobra decir que las siguientes no eran nada sencillas; ya que incluían pasar entre dos montañas que se movían chocando continuamente sin ser triturado, cruzar desiertos de vientos congelantes, escalar cerros cubiertos de pedernales, andar por caminos rodeados de manos que arrojaban lanzas y superar terribles nieblas que cegaban a los muertos para que perdieran el rumbo entre otros tantos retos. De tal forma que contar con un amigo fiel era crucial para completar exitosamente la odisea y por ello en tiempos prehispánicos el xoloescuincle era apreciado y venerado.

Paréntesis:

(Las personas vamos y venimos y en nuestro camino nos encontramos con otros que nos ofrecen lo que tienen para dar.
Algunos tienen ira y resentimiento,
otros nos ofrecen sus prejuicios,
otros más sirven de espejo a nuestros defectos y cualidades
y algunos nos enseñan a través de su ejemplo ya sea bueno o malo
(hasta de lo disfuncional se aprende).
Lo más importante de los amigos no es que se queden para siempre,
ya que como dije todos vamos y venimos;
sino que nos ayudan a desarrollarnos
y superar retos;
a veces con su presencia
y a veces (irónicamente) con su ausencia,
pues frecuentemente es esto último lo que nos obliga a hacernos responsables de nosotros
y crecer.

Don’t hate on the love,
vivan y dejen ir. )

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario (El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú).