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El lado B: Aventuras y riesgos de la música popular – Medulla de Björk

Texto por Gabriel Áyax Adán Axtle

miércoles 8 de abril, 2015 a las 12:38 am  
miércoles 8 de abril, 2015 a las 12:38 am  

Año: 2004

Disquera: One Little Indian

Temas: 1) Pleasure Is All Mine. 2) Show Me Forgiveness. 3) Where Is The Line. 4) Vökuró. 5) Öll Birtan. 6) Who Is It. 7) Submarine. 8) Desired Constellation. 9) Oceania. 10) Sonnets / Usrealities XI. 11) Ancertors. 12) Mouth’s Cradle. 13) Miövikudags. 14) Triumph Of Heart.

La actividad de los compositores, a pesar de los tantos caminos explorados, sigue planteando múltiples senderos y desviaciones. A pesar de eso, pocos optan por dirigir los pasos hacia empedrados siempre distintos. Para lograr trabajos admirables, el artista requiere embarcarse en un diálogo que va de la tradición a las innovaciones personales. De nada vale reiterar el canon sin siquiera pensar en un salto al riesgo. Lo mismo sucede cuando se persigue la ruptura de aquello a lo que no se voltea a reconocer como fundamento. Cuando se escucha Medulla, de Björk se descubre que el equilibrio entre las bases y los horizontes del porvenir dan resultados estimulantes, obras a las que se debe visitar al menos una vez en la vida.

Por eso, resulta productivo participar en un diálogo sobre la composición musical contemporánea. Los arreglos con los que se viste una canción, dice Diego Fischerman, están lejos de ser un acompañamiento. Son la canción misma. Es decir, la pieza existe desde su forma, y si renunciara a su esencia en la omisión o modificación de ésta, se transformaría en otra cosa. Es decir. El arreglo es la pieza. La selección de timbres particulares, el uso de una instrumentación específica dan el resultado en su totalidad.

Hasta la fecha, Björk sigue siendo una artista propositiva dispuesta a tomar grandes riesgos. Sus aventuras se traducen en discos que cumplen con los parámetros de composición explicados arriba. Cada canción adquiere su valía e independencia desde la forma misma en que se viste. No se trata de piezas escritas de la forma más tradicional a las que luego se les coloca un concepto. Es desde el concepto que se componen, y por tanto en su integridad, alcanzan su fuerza. Para lograrlo, la artista hace uso de recursos novedosos en la electrónica, que luego son potenciados por las posibilidades tecnológicas que el estudio de grabación ofrece. De ahí se deriva un sonido que lleva hasta sus últimas consecuencias los elementos sintéticos.

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Pero no basta decir que los logros de sus trabajos dependen tan solo de echar mano de la tecnología. Para la compositora islandesa es importante hermanar la electrónica con piezas que recuperan el formato de la canción pop, y que viven un proceso de producción en el que la simpleza del género es sustituida por contrapuntos, ritmos atípicos, fraseos inesperados, timbres novedosos e inquietantes. Así, el escucha se encuentra frente a obras que desconciertan, al mismo tiempo que seducen.

En la discografía de Björk generalmente hay innovación, desde el álbum Debut (1993), hasta Vulnicura (2015), recientemente publicado. Sin embargo, Medulla destaca por su particularidad y los riesgos que implica. La compositora busca maridar la tradición con la modernidad. Pero tal vínculo, tratándose de Björk, no se puede limitar a la temática de la parte lírica, sino que debe transformarse en el sonido distintivo del álbum.

Desde el título se anuncia la construcción de la obra desde los sonidos básicos de la música, aquellos que el cuerpo humano puede emitir desde los orígenes del hombre. Voces, chasquidos, trompetillas, palmadas son recursos que, procesados por vías electrónicas, se transforman en samplers, y loops, fundamentales en el disco entero. La digitalización de los sonidos generados por el cuerpo extiende las posibilidades sonoras y expresivas, que van más allá del canto mismo. Como resultado, la música existe en la concepción del cuerpo como instrumento central. Por medio de éste se frasea, acompaña y protagoniza Medulla. La instrumentación tradicional pasa a un segundo plano, y por tanto solo enfatiza, fondea, sin jamás robar protagonismo a lo central.

Los elementos que sonorizan el disco ofrecen una relación íntima con el escucha, pues apelan a su misma naturaleza. Así piezas como “Vökuró”, “Submarine” y “Desired Costellation” logran la emotividad necesaria para seducir al escucha, sin recurrir a facilismos bombásticos, ni orquestaciones innecesarias.

Otros momentos, encuentran en las voces un espíritu más tribal que parece recordar tiempos añorados e idilios. Tanto coros como percusiones corporales enfatizan el tema de la tradición frente a la modernidad anunciado ya en el título del disco. Muestras ejemplares “Oceania”, “Ancestors” y “Mouth’s Cradle”.

Con un trabajo como Medulla se hace palpable que los procesos de composición han tomado los alcances del siglo anterior para revaluarlos. Aun en la música popular, se persigue lo que en su momento las vanguardias intentaron: darle valía a la pieza misma por lo que es en sí. Para lograrlo se exploran técnicas, no solo de grabación, sino de composición novedosas. A lo largo de la historia musical se han visto extremos que, en el afán de alcanzar la independencia del arte frente a sus evocaciones, han anulado su propia esencia al transformarse en fondo, ornamento, silencio. Björk logra equilibrar los riesgos con los patrones del canon popular, y así hacer obras sorpresivas, estimulantes, que al mismo tiempo dejan barandas que le permitan al escucha explorar las composiciones sin perderse en el laberinto. El viaje que Medulla plantea es un riesgo, que inspira a continuar mirando atrás y al porvenir, con la seguridad que en esa ambivalencia se encontrará un arte siempre representativo no de una época, sino de la existencia humana.

Gabriel Ayax Adán Axtle (Abril de 1978). Egresado de la Licenciatura de Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM. Melómano  y apasionado del arte. Músico y esteta por deformación.