Mutante del mes: Kiltro Polaris

Gildo Medina

Talento nómada, irremediablemente mexicano.

Entrevista por Eileen Morán @eileenornot

Ilustraciones por Gildo Medina

viernes 27 de febrero, 2015 a las 04:11 am  
viernes 27 de febrero, 2015 a las 04:11 am  
Es la necesidad de un niño: Cambiar el significado original.

Conocí a Gildo hace cuatro años, a pocos meses de distancia de dar a luz a este blog que hoy tiene el honor -por fin- de alojarlo en sus páginas. Recuerdo que estaba de paso, entre dos viajes importantes de trabajo, festejando el cumpleaños de una amiga cercana, también artista. Ni sé bien cómo fui a dar ahí, pero hay inercias que sólo se explican con el tiempo y se agradecen para siempre.

Era una mesa llena de talento: diseñadores de moda, emprendedores jóvenes y prometedores, publicistas renombrados; todos bien metidos en personaje.

De entre este corral de pavorreales, Gildo contrastó en seguida por su sencillez; su mirada inmediata y accesible me recordó a la forma en que miran los niños pequeños de las etnias indígenas mexicanas: curiosos y transparentes. Si esa tardenoche me hubieran dicho que, de aquel puñado de promesas, Gildo sería el único que llevaría el nombre de nuestro país tan lejos como el suyo y más allá de todas las fronteras, lo hubiera creído antes de mirar su trabajo, porque creo que detrás de un talento que alcanza su máximo potencial sólo puede haber un gran ser humano, y que sólo en la humildad se conserva la curiosidad. Esta esperada entrevista exclusiva para Mutante lo explica mejor con sus propias palabras.

Con una carrera tan exitosa sabemos que te la pasas de arriba a abajo por el mundo, como buen bon vivant, pero ¿cuáles son los elementos de una mañana común en la vida de Gildo Medina, esté donde esté?

Tengo un ritual de respiración; comencé a limpiar mi mente y mis ideas con un sistema hindú de una fundación que se llama: “El Arte de Vivir”. Durante 20 minutos antes de comenzar con todos los placeres de la vida – mi té o sentarme en la terraza a escribir cualquier cosa- realizo una meditación profunda y todo con base en la respiración. Respirar ha sido el pilar de mis últimos tres años de creaciones, no importa dónde esté, así lo hago. Mis ideas se potencializan, me ayuda a estar sano y fuerte, a centrar mi mente.

Confiando en tu memoria y sin pensar demasiado, describe el primer contacto que recuerdas haber tenido con el arte.

Mis cartas a Los Reyes Magos: era toda una estructura compleja de dibujo; al ser cerrada la carta, encontrabas ciertos patrones y, al abrirla, –mágicamente- aparecían otros. Desde ese momento me preocupó el concepto, la forma, la posición, el color y el mensaje. Mis cuadernos y libros de Inglés –la base de toda mi carrera- también mostraban mis intervenciones: diálogos a las fotografías, otras formas a las imágenes, aunque a mi mamá no le gustaba mucho la idea y me pedía que no rayara mis cuadernos.

Veinte años después me encontraría rayando mis creaciones que ya estaban totalmente detalladas y trabajadas. Es la necesidad de un niño: Cambiar el significado original.

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Si creciste en México, debes habértela pasado mal cuando descubriste que querías dedicarte al arte porque -reconozcámoslo- por acá no es fácil vivir de esto y, encima, la cultura popular está llena de creencias que descalifican al artista como un profesional digno. ¿Te dio miedo asumir la decisión?

Afirmo totalmente la pregunta, pero en mi caso no hubo tiempo de elegir, siempre tuve la invitación para dedicarme al arte. A partir de los 13 años me abrieron las puertas en la Academia de San Carlos con tres clases a la semana, durante cuatro años me entrenaron el ojo. Después, a los diecisiete, empecé mis estudios de diseño en la Universidad Iberoamericana, y aunque mi padre no quería que me dedicara al 100% a una carrera artística, me retó a tener dos carreras. Sobre todo quería que tomara una carrera “seria” porque creía que con el arte tal vez me iba a morir de hambre. Aunque yo lo seguía ciegamente, le propuse firmarme una carta asegurando mi felicidad si estudiaba una ingeniería o arquitectura. Obviamente, mi papá no pudo firmar esa carta, por lo que continúe con Arte, y también me metí de lleno en Diseño. Eso cambió mi vida y me dio una visión más amplia. Fue una decisión fuerte, pero más para mis padres que siempre me apoyaron. Además de la carrera, tomaba clases de dibujo. Después me fui a Londres, así que creo que nada es gratis: todo es resultado del esfuerzo que ponemos en cada cosa que hacemos. Así he asumido esta decisión desde el principio, gracias a que mis padres también la asumieron y me respetaron.

Tu proceso académico ha sido amplio. ¿El talento se hace?

Se hace y se nace. Creo que es  como ser Miss Universo: igual ya naciste espectacular, dentro de los cánones de belleza griegos y tal vez no necesitas ejercitarte, pero hay quienes no son así, y aunque hayan nacido bellos, tienen que ir al gimnasio, comer solo lechuga, realizarse cirugías, ponerse acá, quitarse allá. Entonces, bienvenido quien haya llegado a tal punto de perfección de forma natural –se aplaude-, pero el esfuerzo es importante y  también se lleva las palmas.

En mi caso, siguiendo esta metáfora, he tenido los dos. Considero hubo un talento artístico nato –sería absurdo negarlo-, pero también he estudiado toda mi vida: 4 años en la Academia de San Carlos a los 13, 6 años de estudios de Diseño en la Ibero, por igual, un año de especialización en Londres en la Central Saint Martins, otro en Italia, clases particulares con profesores de técnicas chinas de la Academia de Beijing, también en Madrid estudié dibujo… Toda una vida de trabajo, de compromiso, de desvelos, de resultados, por lo tanto de enormes satisfacciones. Siempre dando a un proyecto lo mejor, hasta el final y con dedicación. Así que no creo en la ley del mínimo esfuerzo.

Y creo que gracias a esto no tuve que luchar al mostrar mi trabajo; se mostraba solo. Si hablamos de destino, creo que siempre he sido invitado a la creación.

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El hilo conductor es la pasión. El reto de tener un reto. […] Como nómada, paso de un concepto a otro, todo se conjuga.

Piensa en todos tus maestros -dentro o fuera de la escuela- y escoge al más importante en tu formación estética. Ahora cuéntanos tu mejor anécdota de aprendizaje con él.

A todos mis profesores creo que les debo algo importante, sería injusto dejar de nombrar a alguno de ellos; pero contaré una historia a su vez trágica que se convirtió en mágica, que parte de una palabra: El Reto. Hubo alguien importante en mi carrera, quien tal vez queriendo hacerme el mal me hizo el bien. Cuando estuve en la Ibero él estaba como coordinador. Jamás me dio clases ni tuve contacto con él, pero -según comprendí después- su objetivo era reprobarme. Durante varios semestres,  varios de mis profesores me reprobaban con discursos absurdos del porqué no podía pasar esa materia. Dos años después, una de mis profesoras se acercó y me dijo: “el coordinador me pidió que te reprobara”. Así me enteré que el del problema no era yo, y lo bueno de todo esto es que me hizo más fuerte: entre más me reprobaban, más me esforzaba y mejoraba en mis proyectos.

Hasta que un día, sin seguir entendiendo por qué me seguían reprobando, metí todos mis proyectos de la Universidad a concursar al premio Quórum y como por “arte de magia” gané seis premios en una noche, quedando en primero y también en segundo lugar en el mismo proyecto, superándome a mí mismo. Lo irónico: seguía obteniendo premios y seguía siendo reprobado. Así que me fui a estudiar a Italia -diciéndome que tal vez el diseño no era lo mío- y la directora de la escuela de arte me llamó como diseñador, para crear toda la imagen gráfica de su escuela, donde yo había estudiado arte. Así que cuando regresé a México ya tenía mi primer proyecto internacional -remunerado-, mezclando el arte y el diseño.

Al final la misma profesora -que me comentó sobre la orden de este coordinador- me puso un 9 porque consideró que eso era reprobarme. Cada circunstancia difícil me ayudó a ponerme siempre retos más altos y más interesantes en vez de quedarme llorando por no ser entendido en la Ibero. Gracias a esa persona no quise volver al mismo sistema cerrado y me fui a estudiar a Italia, después a Londres; y finalmente fui llamado para desarrollar proyectos en Francia, donde he vivido y trabajado durante los últimos 10 años.

Transitas distintos formatos artísticos con una movilidad sorprendente, casi nómada. ¿Es el medio tan importante como la imagen que buscas crear al habitarlo?

El hilo conductor es la pasión. El reto de tener un reto. Aunque el proyecto involucre sólo diseño e instalación, si la conceptualización necesita fotografía, voy lo aprendo y lo hago. No me pongo a ver si es foto, diseño, arte, ilustración. Para un restaurant en Sydney fui interiorista, diseñé el menú, creé el concepto, lo cubrí con mis obras de arte. Así me dije: “qué tan fácil es sólo ser diseñador gráfico de un menú, pero ¿qué tan difícil es ser artista? Porque le estoy dando al diseño gráfico un concepto de artista”. Es el mismo tratamiento para una obra que para un diseño. Como nómada paso de un concepto a otro, todo se conjuga.

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Tu obra delata tu pasión como contador de historias. ¿Cómo sabes cuándo te has encontrado con una que tienes que convertir en una obra de arte?

Cualquier cosa que tenga un reto creativo. ¿Cómo lo voy a comunicar? ¿Con qué materiales? Y entra mi visión de artista y le voy dando significados personales y lo vuelvo mío, cada obra tiene una historia personal. Me la paso brincando entre países, este verano hice un proyecto en Mónaco-Tulum y el contraste me ayudó a contar historias.

Soy nómada, pero cuando llego a un lugar me entrego, absorbo la cultura, me camuflo y me vuelvo parte, y eso es lo que plasmo en mi obras. Soy multividas. Soy Gildo el observador de la colonia Cuauhtémoc, voy a Italia, hablo en italiano y sigo siendo yo mismo.

¿Artista o publicista?

Definitivamente artista, la publicidad la abordo como artista -aunque yo trabaje para las mejores agencias de publicidad del mundo-. No me llaman como publicista, me llaman como artista con honores. No soy un publicista salariado –lo cual no es malo-.

Somos descendientes de nuestras decisiones. ¿Cuál de todas las que has tomado crees que te convirtió en uno de los cien mejores ilustradores del momento?

Yo no me convertí, me eligieron. Taschen me dio la oportunidad en el primer libro, después en el segundo. Para mí la mejor decisión es decir SÍ a todo. Han pasado propuestas, invitaciones, llamados y he dicho SÍ, en la búsqueda de un agente dije SÍ y mi agente me preguntó si quería estar con ellos y dije SÍ. Las agencias veían todo lo que yo era y decían NO. ¡Es muy complicado! pero aun así yo decía a todo SÍ.

Afuera de mi casa, en mi marquesina tengo la palabra escrita SÍ, pero en la francofonía: OUI, porque era más bonito tener tres letras en la composición.

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No veo si es una cuestión contemporánea la parte trágica o fatídica, simplemente es contar historias, las que me toca ver. Es una tendencia universal de contar lo bueno y lo malo.

De todos los diseñadores de moda que has conocido profesionalmente, ¿con cuál te gustaría tener una segunda vuelta y para qué?

Con el diseñador francés Patrick Stephan, con quien tengo una relación creativa desde hace tres años y formamos juntos una compañía; cada vez que veo su marca puedo crear nuevas cosas y nos reinventamos constantemente.

¿Postmodernidad o Modernidad?

Yo tengo una frase a la mexicana, jugando con la palabra “pues”. A lo popular se dice “pos”, así que yo siempre digo que entre “postmoderno” y moderno, me considero: “Pos… Bien Moderno, ¿no?”.

Yo sigo creyendo que la postmodernidad nos firma.

¿Te consideras un artista transgresor al denunciar hechos fatídicos de la sociedad o es el sello distintivo del arte en nuestra época?

Los hechos fatídicos los percibo con humor, intento reírme mas no burlarme. No sé si son fatídicos, solamente cuento -como cronista- narrativas cotidianas. Como mi experiencia de fotógrafo en París: veía el dolor de las chicas sobre la belleza, a las mejores modelos del mundo haciendo casting y todas se sentían, feas, gordas y viejas. Veía la insatisfacción… y años después nació “Beauty Knows No Pain”. No sé si era fatídico o no, a mí me pareció gracioso cómo sufre el ser humano viendo al otro y el otro vive más desgraciado que éste. Adaptamos manías ajenas. No veo si es una cuestión contemporánea la parte trágica o fatídica, simplemente es contar historias, las que me toca ver. Es una tendencia universal de contar lo bueno y lo malo.

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¿Eres un talento mexicano o un artista del mundo?

Soy mexicano y no sé si sea talento, pero mexicano ante todo y ésa es la ricura. Si no fuera mexicano, tal vez sería suizo y vería la vida cuadrada y me quejaría de todo. Soy mexicano, soy artista y soy cronista de historias y eso me ha ayudado a ver el mundo diferente y me ha hecho ser parte de éste. No tengo nacionalismo, pero el hecho de ser mexicano les da a los demás algo: mi tono de piel, mi risa, la irreverencia. Tenemos miles de muertos y nos reímos, es surreal. El mundo quiere tener nuestra visión de vida. Soy mexicano del mundo.

El Óscar de Iñárritu ha generado controversia. México se adjudica la victoria de un mexicano que hizo su carrera y logros en el extranjero porque en su país no se apoya la cultura ni el arte. ¿Pasó lo mismo contigo? ¿Hacia dónde se dirige México como generador de artistas?

Iñárritu tuvo una carrera en México, pero él hizo grande su carrera, es un gran comunicólogo. Como director es fantástico, pero no puedo decir que lo haya tratado mal México, creo que él no se coloca en esa posición. Es un proyecto internacional el que hizo, es como hacer un proyecto con Chanel, es el individuo el que lo hizo no el país.

Es un proyecto internacional. Teniendo proyectos internacionales consigo resultados de alto de nivel y haciendo proyectos en México me ha tocado –con distintos equipos- encontrar que el proyecto está mal impreso, el pelo no fue el correcto, el retoque no fue correcto, etc. A veces pasa, y otras veces también salen bien hechos en México.

Es un proyecto de González Iñarritu, es importante quitar el nacionalismo mexicano y ponerle cuando nos conviene una etiqueta, es una conveniencia como un niño chiquito caprichoso que no hizo nada. Mexicano: -¿Me pagaste? -No -¿Me diste el apoyo? -No. -¿La viste? -Tampoco. El óscar es de Iñárritu, no de México y si él se lo quiere adjudicar a México es el único que puede hacerlo.

México se dirige al cielo como generador de artistas, lo ha sido desde siempre, desde el mundo flotante de nuestras culturas prehispánicas y los grandes palacios del Virreinato hasta los rascacielos fantásticos creados en México. Este país ha creado, y somos tan auténticos que no nos damos cuenta. Solamente el que deja de flagelarse por ser mexicano es el que quiere salir y los demás siguen cuestionándose con esta famosa porra del “Sí se puede”. No tiene por qué no poderse, hay que hacerlo.

¿Cómo el arte puede cambiar al mundo?

El arte cambia el alma de la gente; si nutre el alma de millones, nos permite generar bienestar al alma. Munch tenía algo que expresar con El Grito y puedes expresar alegría y felicidad. Expresar y reinventarse; es liberador. Viendo o haciendo arte.

Comediante involuntaria, Directora de contenido digital, terapeuta psicocorporal, yogi intermitente, estudiante de ukulele y testigo presencial de los milagros cotidianos que suceden cuando amas lo que haces. Sale con cara de desamor por culpa del viejo PRI.