Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don’t hate on the love – L de laberinto

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García @diosaloca

Ilustración original del Sr. García @elsrgarcia

lunes 4 de noviembre, 2013 a las 07:47 pm  
lunes 4 de noviembre, 2013 a las 07:47 pm  

Don’t hate on the love

Hemos ardido

hablado de escribir

morir

renacer y explorar

a través de historias,

libros,

e ideas.

En el afán de explorar razones para no tirarle odio al amor

hemos ido de las llamas

a Ray Bradbury y sus bomberos incendiarios;

a Bukowski y sus ideas sobre la muerte,

a la desaparición de Arthur Cravan tras embarcarse en una costa mexicana.

Supimos de la carta épica que le escribió Oscar Wilde desde la cárcel a un tal Bosie.

Enfrentamos a los fantasmas que a veces nos acechan como medusas en la oscuridad.

Asistimos al juicio hecho a un libro de poemas bajo el cargo de obscenidad al revisar el caso de Aullido de Allen Ginsberg,

también visitamos una historia de zen y sexo tal y como la contó Henry Miller

y recorrimos algún affaire en una isla caribeña con Nina Simone.

Fuimos sólo chicos como Patti Smith y Robert Mapplethorpe cuando se encontraron en Nueva York.

Enfrentamos al koan como un método para trascender la mente

y ahora hablaremos de un método más tangible que ha sido usado como analogía de la búsqueda del alma humana: los laberintos.

…Tenía nueve años, era el verano de 1978, y Marcy era mi mundo. Los caminos interiores delineados por oscuras bancas que conectaban los veintisiete edificios de seis pisos de las Casas de Marcy eran como túneles en los que los niños nos internábamos. Los conjuntos habitacionales parecían laberintos para los fuereños, eran tan complicados e intimidantes como un bazar marroquí. Pero nosotros conocíamos el lugar”. 

Jay-Z.1

I.

Aquel que cruza el laberinto lo hace a sabiendas de que no saldrá intacto; la transformación es inevitable.

Hay todo tipo de laberintos; nuestra existencia misma en ocasiones aparenta transformarse en uno. Están aquellos de patrón clásico con sólo un camino de entrada y salida. También están los tipo maze que contienen varios caminos, aquellos que reconocen un destino único pero, como la vida, se bifurcan en opciones para alcanzarlo. Gracias a que no podemos escapar de nuestra mente también tenemos laberintos mentales, en los cuales con frecuencia nos sumergimos y nos dan la impresión de estar atrapados mientras sentimos nuestra ansiedad intensificarse, y con ella, el desesperado deseo de encontrar una salida. Ése precisamente es el sentido del laberinto; su reto no consiste únicamente en encontrar el camino físico de salida, sino en el enfrentamiento de los pensamientos y emociones en las que el explorador se sumerge mientras lo transita. Aquel que cruza el laberinto lo hace a sabiendas de que no saldrá intacto; la transformación es inevitable.

II.

“Los laberintos simbolizaban las implicaciones e ilusiones del mundo inferior a través del cual el alma humana deambula en búsqueda de la verdad.”

Los laberintos han perdurado en la historia de la humanidad pues las civilizaciones antiguas los creaban con fines místicos. De hecho los diseños más viejos de estos complejos caminos tienen alrededor de 4000 años a través de los cuales la raza humana los ha cruzado desde la experiencia de cada individuo que ha asumido la aventura de adentrarse en ellos. Ahora podemos encontrarlos incluso en los videojuegos. Los medios pueden ser distintos, pero el significado de estos intrincados caminos se ha conservado. En el mundo antiguo “Los laberintos simbolizaban las implicaciones e ilusiones del mundo inferior a través del cual el alma humana deambula en búsqueda de la verdad”.2

Es la búsqueda de la verdad, cómo quiera que se le conciba, la que ha llevado a la humanidad a realizar proezas extraordinarias y construir laberintos de legendarias proporciones. En el siglo XIX antes de la era común, el faraón Amnehet III mandó a construir un mítico laberinto a siete días de camino de las pirámides. Por otro lado, está el laberinto de Creta el cual era un complejo que interconectaba más de mil cámaras a través de múltiples pasillos y escaleras. En la India hay textos tántricos que describen la ciudad mítica de Lanka como un laberinto. Los artistas cristianos decoraron los pisos de múltiples catedrales medievales con patrones derivados de laberintos y actualmente existen aficionados que mantienen registros de ellos alrededor del mundo ya que pueden ser encontrados en diferentes puntos de Europa, América del Sur, Australia, India y Nepal.

…parecen mutar en formas y estructuras cada vez más intrincadas para confundir o intrigar al receptor, y finalmente sorprenderlo…

Los laberintos han sido retomados también dentro del cine, la literatura y la pintura, los cuales parecen mutar en formas y estructuras cada vez más intrincadas para confundir o intrigar al receptor, y finalmente sorprenderlo. Quizás incluso para intentar transformarlo a través del asombro que acompaña los descubrimientos, pues en el afán de develar alguna verdad que nos trascienda, creamos juegos paralelos para construir una experiencia tangible que refleje esa búsqueda y nos ayude a transitarla. Así que al parecer continuaremos dibujando, creando y escribiendo laberintos mientras la humanidad como tal exista y aún requiera emprender la búsqueda de su conciencia y transformarse en el camino.

 

Paréntesis:

 

(

 

 

Don’t hate on the love
Olvídense de la salida e intérnense en la odisea del laberíntico recorrido
existencial.

 

)

 

[1]  Jay- Z, “Decoded” , Ed. Spiegel and Grau, 2010.

[2]  Hall, Manly P. , “The Secret Teachings of All Ages”, Ed. Tarcher Penguin 2003.

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario(El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú). Junto con Iraida (Noriega) y Leika (Mochán) formó “Frágil”.