Mutante del mes: Kiltro Polaris

Don´t hate on the love – O de orquesta

Un recorrido sentimental de la A a la Z y sus paréntesis

Texto por Edmeé García.

Ilustración original del Sr. García: Sólo soy otro García más.

viernes 14 de febrero, 2014 a las 04:25 pm  
viernes 14 de febrero, 2014 a las 04:25 pm  

 

I.

Como tantas otras cosas de la civilización occidental la palabra orquesta viene de Grecia, aunque las raíces de estos ensambles pueden ser rastreadas hasta Egipto. Actualmente una orquesta es una gran agrupación de músicos interpretando  instrumentos de aliento, cuerda y percusión a quienes en los conciertos vemos bajo la batuta de un director. Las hay de varios tipos: de cámara, sinfónicas, y demás. Y el concepto de este ensamble así como sus  elementos se ha ido transformando a través de los siglos. Sin embargo, algo innegable es que la música que podemos apreciar gracias a ellas es el resultado de un esfuerzo colectivo que involucra a los intérpretes, directores y compositores, pero también a sus influencias, visiones, sentires y épocas.  El resultado de esto es un caldo multifactorial que nos da una experiencia amplia en la que confluyen ideas, sonidos, emociones, imágenes y el reflejo de las coyunturas sociales e históricas.

 

II.

“¿Tú crees que Duke Ellington no escuchaba a Debussy? Louis Armstrong amaba la ópera ¿lo sabías? ¡Nómbrame a un pianista de jazz que no haya sido influenciado por la música europea!”

Aaron Copland, compositor, conductor, escritor y maestro nació junto con el siglo XX en el año de 1900, y durante sus nueve décadas de vida sobre la tierra desarrolló un trabajo que fue un auténtico reflejo de su tiempo, transgrediendo una  serie de convenciones sociales y estéticas.  En su afán por inyectar sus composiciones orquestales con el espíritu de Norteamérica, en las que se reflejara el barrio de Brooklyn donde creció, Copland integró a algunas de sus composiciones elementos del jazz como las disonancias y polirritmias.  Interesantemente los jazzistas ya tenían influencias de la música europea, de hecho el pianista Dave Brubeck lo dejó muy claro con las siguientes palabras “¿Tú crees que Duke Ellington no escuchaba a Debussy? Louis Armstrong amaba la ópera ¿lo sabías? ¡Nómbrame a un pianista de jazz que no haya sido influenciado por la música europea!”. Sin embargo, el proceso inverso aún no se había dado; de hecho los prejuicios raciales de la época mantenían a muchos músicos de origen afroamericano fuera de las orquestas. Algunos como Ron Carter o Charles Mingus incluso llegaron a cambiar instrumentos como el chelo por el contrabajo con el afán de poder mantener un trabajo como ejecutantes. Sin mencionar a Miles Davis, a quien su madre quería darle un violín y su padre una trompeta; ya sabemos quién ganó esa discusión y las revoluciones que dicha decisión trajo a la música.

“…La vida parece tan transitoria que es muy atractivo el ser capaz de poner en palabras, tonos o pintura alguna clase de declaración permanente sobre lo que se siente estar vivo ahora, hoy…”

Pero las convenciones musicales no fueron las únicas que Aaron Copland retó. También tuvo la apertura para ir más allá de las ideas de su tiempo sobre el rol y la valía de las mujeres dentro del mundo de la música al tomar a  la compositora y conductora francesa Nadia Boulanger como maestra, aunque no sin cierto conflicto. De hecho, en una entrevista para Yale, admitió abiertamente sus dudas “Batallé mucho conmigo mismo para convencerme de estudiar composición con ella, porque la idea era demasiado revolucionaria. No podía pensar en un solo compositor en la historia de la música que hubiera estudiado composición con una maestra”. Empero la decisión fue exitosa, ya que  ella apoyó e impulsó sus experimentos en cuanto a fusiones de géneros y otros elementos. Copland admitiría posteriormente “Esta amazona intelectual no sólo es una profesora en el Conservatorio, no sólo está familiarizada con la música desde Bach hasta Stravinsky, también está preparada para lo peor en el camino de las disonancias. Pero no te equivoques… nunca existió una mujer más encantadora”.

 

Todas estas elecciones tenían que ver con la visión particular que él tenía sobre el papel de la música y el arte dentro de los contextos temporales y sociales, lo cual resumió de la siguiente manera: “Creo que básicamente compones porque de alguna forma quieres resumir de manera permanente tus sentimientos más básicos sobre estar vivo. La vida parece tan transitoria que es muy atractivo el ser capaz de poner en palabras, tonos o pintura alguna clase de declaración permanente sobre lo que se siente estar vivo ahora, hoy. De tal manera que, cuando se haya ido, la gente pueda acudir al arte de la época y tener una noción de cómo se sentía estar vivo”.

Estas palabras cobran una especial relevancia dentro del contexto actual en el que la participación femenina ha aumentado progresivamente en diferentes rubros y actividades como reflejo de los cambios sociales que se han desencadenado en las últimas décadas; pero en el que su voz y sus visiones enfrentan retos para transmitirnos su versión de cómo se siente estar vivo en estos tiempos. Por ejemplo, una preocupación existente dentro del contexto de la música y de  las orquestas es la escases de mujeres dirigiéndolas. Este hecho fue resaltado el año pasado (2013) cuando Vasily Petrenko, un joven conductor ruso afirmó en una entrevista que los intérpretes “reaccionan mejor cuando tienen un hombre frente a ellos” agregando posteriormente que “una dulce chica en el podio puede hacer que los pensamientos de uno se desvíen hacia algo más”. Es natural pensar que las mujeres se sientan ofendidas frente a semejante declaración, sin embargo, si la observamos con detenimiento también es bastante desconsiderada y denigrante con las cualidades de concentración, raciocinio, autocontrol y profesionalismo de los intérpretes masculinos.  Así como con la tradición del artista de retar las convenciones de su tiempo para impulsar al mundo entero hacia nuevas dimensiones del ser.

 

Paréntesis:

 

(Aristóteles dijo una vez “Para dirigir una orquesta debes de dar la espalda a la multitud”.

Con frecuencia, para dar orden a algo más grande uno debe de alejarse de las nociones de la mayoría.

Y sí, es difícil ser uno mismo, pero es aún más difícil no serlo.

“Don’t hate on the love”

Tengan valor.)

Edmeé García a.k.a Diosaloca es un ser humano. Sus principales intereses radican en el desarrollo y exploración de la conciencia. Ha hecho spoken word, trabaja como escritora, traductora y locutora. Ha publicado un poemario(El Red Bitch Project) y hecho montajes de otros dos (Chilanga Habla y El Bombón Vudú). Junto con Iraida (Noriega) y Leika (Mochán) formó “Frágil”.