Kiltro Polaris

Mutante del mes: Kiltro Polaris

Reynold Reynolds – videoarte delicatessen

Jueves 20 de junio, 2013 a las 10:00 pm  
Jueves 20 de junio, 2013 a las 10:00 pm  
…y dijo Dios hágase la luz, y el cine se hizo…

Primero estuvieron la pintura y la música, después vinieron el teatro y la foto; y dijo Dios hágase la luz, y el cine se hizo abrazando a sus cuatro antecesores. ¿Qué otro resultado podría esperarse de esta mezcla magnífica que el encantamiento en su estado más puro? O ¿de qué otra manera se podría denominar a la reacción que esgrime nuestra especie ante la pantalla? Enamoramiento quizás no sea el mejor término, pero es el primero que me salta a la mente para describir el principio de nuestra interacción con la ilusión visual suprema.

…los bastardos visuales; con nombres poco honrosos como videoarte, videodanza y videopoesía.

La relación que hemos entablado con el llamado séptimo arte, no se aleja tanto del arco típico que sucede en las relaciones entre parejas. Pasado ese primer impacto de locura amorosa esquizofrénica, en la que el universo se reduce a la simple contemplación atónita, comenzamos a preguntarnos un poco más sobre la naturaleza de la otra mitad; el recuento de las características anatómicas se torna fundamental por un momento y el análisis de sus particularidades provee de materia suficiente para el intelecto; pero pronto queremos ir más profundo, investigar sus límites, explorar todas sus posibilidades. Del neorrealismo italiano al gore oriental, del expresionismo alemán al spaghetti-western, del cine negro al falso documental, musicales, manga, dogma, surrealismo, acción hueca, comedia romántica, entretenimiento plano, severidad formal y estructuralismo austero. Y entre todas las olas que genera la experimentación narrativa, los hijos menos conocidos: los bastardos visuales; con nombres poco honrosos como videoarte, videodanza y videopoesía.

…unos pocos exponentes que sí logran tocar la médula espinal y desatar choques sinápticos dignos de ser recordados…

El video arte, retoño híbrido entre el celuloide, el microchip, la narración audiovisual y el presuntuoso entorno del arte contemporáneo es, sin lugar a dudas, el más irregular de los vástagos cinematográficos. Cierto es que un porcentaje elevado de las obras englobadas por este término resultan letárgicas, en el mejor de los casos impenetrables y en muchas ocasiones simplemente carentes de interés alguno para el espectador. Las líneas inexistentes que demarcan a esta disciplina amorfa desde su nacimiento otorgan al artista la posibilidad de someternos a experiencias estéticas geriátricas, calvarios perceptivos justificados bajo la excusa única de tratarse de experimentación con el medio (y aceptémoslo de una vez: no hay peor violencia en términos artísticos que el aburrimiento absoluto). Resulta lógico entonces que el videoarte, al menos entre un publico extenso, no goce de gran popularidad. Sin embargo, como sucede con casi cualquier otra disciplina, existen unos pocos exponentes que sí logran tocar la médula espinal y desatar choques sinápticos dignos de ser recordados por el resto de los días.

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[Foto: Reynolds y su equipo trabajando]

Quizás, entre todos ellos, el más excéntrico sea Reynold Reynolds.

Bill Viola figura como el gurú indiscutible de este medio y algunos de sus discípulos indirectos se han ganado ya un lugar merecido dentro del olimpo artístico: Doug Aitken, Marina Abramovic, Julian Rosenfeldt, etc. Quizás, entre todos ellos, el más excéntrico sea Reynold Reynolds. Excéntrico en primera instancia porque proviene de Alaska, mide casi dos metros de alto y es flaco como un cerillo. Excéntrico también en el sentido de que, a pesar de operar bajo el título de videoartista, Reynolds jamás trabaja en video; toda su obra es filmada en 16 mm., con la misma cámara Arri de los años cincuenta y el material revelado en el baño de su casa. Excéntrico, porque además de realizar este proceso utilizando una compleja maquinaria elaborada por él mismo que incluye entre sus partes más importantes un calcetín, también la digitalización sucede en las inmediaciones del comedor gracias a otro complicado aparato elaborado con un proyector antiguo, ligas para el pelo, un contador de tiempo para cocinar huevo y una cámara de foto fija que captura fotograma por fotograma. El resultado de este control casi obsesivo de la línea de producción, es que las películas de Reynold poseen una calidad perturbadora, una técnica desconcertante que hace parecer que fue necesaria una inversión monetaria considerable; noción equivoca, pues todas sus producciones se han elaborado con presupuestos escasos bajo el lema hágalo usted mismo llevado al extremo, favoreciendo el reciclaje de materiales y con un crew bastante reducido.

…nunca ha rentado una grúa, ¿para qué? si se puede construir un brazo mecánico a partir de madera de desecho…

Los sets de Reynolds pertenecen más al terreno del inventor demente, tipo Ciro Peraloca, que al de la producción cinematográfica clásica. Aunque la cámara está en constante movimiento nunca ha rentado una grúa, ¿para qué? si se puede construir un brazo mecánico a partir de madera de desecho, piezas de Mecano, dos botellas de agua a manera de contrapeso y unos cuantos tubos. Lo mismo va para el dolly, ruedas de patineta afianzadas a una tabla astillada, rieles de aluminio de segunda mano y gafer. Uno de sus orgullos más preciados es que lleva más de siete proyectos utilizando, para construir las paredes de los sets, los mismos cinco paneles de madera. Quizás esto sugiera que sus películas están conformadas por secuencias sencillas de filmar en las no se presta mayor atención a los detalles, sin embargo, la realidad es que sucede exactamente lo contrario; cada escena representa un desafío total para la gente involucrada. Todos los elementos están interconectados por medio de tarjetas Arduino a motores de pasos, del tipo que utilizan las impresoras, para que se muevan en perfecta sincronía; porque la particularidad de muchas de sus obras es que son stop motions con actores vivos.

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[Foto: Vista parcial del set de The Lost]

Para él cada producción representa una reto personal, un duelo entre la técnica y los límites mecánicos de las herramientas utilizadas.

No es de extrañar que, previo a haber estudiado cine, Reynolds se haya graduado como físico y trabajado en un laboratorio bajo la tutela de Carl Weiman, quien fue merecedor del premio Nobel de física 2001. Su aproximación al videoarte es la de un científico ante una interrogante, no con respecto al contenido narrativo, sino en relación con la manera en la que aborda la filmación. Para él cada producción representa una reto personal, un duelo entre la técnica y los límites mecánicos de las herramientas utilizadas. En Burn 2002, por ejemplo, el catalizador de la obra fue qué tanto tiempo es posible filmar a alguien que se está quemando sin que todo terminé en tragedia. El resultado es absolutamente sobrecogedor, una serie de personajes viviendo su vida cotidiana entre llamas: leyendo en el sofá que arde, preparando un café en la cocina que se calcina. En Secret Life 2008, la provocación fue capturar con la cámara el crecimiento de las plantas en un time lapse narrativo en el que una persona se moviera al mismo tiempo que la materia vegetal y así evidenciar la violencia botánica; para lo cual fue necesario que, durante más de tres meses, la actriz realizara acciones moviéndose casi imperceptiblemente, no más de cuatro centímetros por hora.

…delicias sensoriales que elevan el nombre del videoarte al nivel de gourmet artístico.

Podríamos decir que el común denominador de todas las obras de Reynolds es su excepcional manufactura, productos fílmicos casi perfectos que bien podrían ser denominados como delicatessen visual, delicias sensoriales que elevan el nombre del videoarte al nivel de gourmet artístico. De la misma manera que sucede cuando una pareja de años se sorprende a sí misma con una acción imprevista y el acto reafirma los cimientos sobre los que la relación fue erigida, las películas de Reynolds nos regresan a ese estado primigenio de idolatría adolescente, provocando que revaloremos el cine como medio y que nos volvamos a enamorar ciegamente.

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[Foto: Exposición en el museo de arte contemporáneo de Hanover]

Actualmente Reynold está por concluir The Lost, su primera pieza que podría ser denominada como largometraje; una película inspirada en Fritz Lang, el expresionismos alemán y en un material fílmico encontrado en una bodega de Siberia, que se sitúa en los cabarets del Berlín de los años treintas. Esta obra está programada para ser exhibida el próximo año en el MUAC y se está fraguando un próximo proyecto para ser realizado en México.

El 22 de junio de 2013 Reynold Reynolds inaugura Secrets Trilogy, su primera exposición en la ciudad de México. La cita es en Casa Maauad: Altamirano 20, San Rafael. Fechas posteriores por confirmar.

Conozcan más de él aquí y aquí.

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Andrés Cota Hiriart es un biólogo desertor que, tras un breve y no muy satisfactorio paso por el cine, aterrizó en las letras. Su abuela era esquizofrénica, su tío albino y su abuelo agnóstico. Acá su Vimeo. Síguelo por Instagram en @lafiera.